miércoles, 11 de septiembre de 2013

Miradas…

Las palabras se atrincheran, o se callan, o se ocultan en su alcoba, o suspiran. Temen que con cada engarce se dispersen. Procuran, dado su pudor interno, no fatigar al lector, ni infringir algún desaire al escribidor incrédulo.

Y… pues dicen: “la pintura hay que sentirla y respirarla”.

Mas… ¿cómo podrían explicarlo sin embadurnarla ni llenar de sombras su belleza?

La palabra se inmola cuando abomina y engaña.

Y añaden: “al lienzo hay que traspasarlo, adivinarlo, y si es bello y no encubre fraude, admirarlo”.

La autora se pliega al breve discurrir de las palabras y les da su beneplácito, añadiendo por sí misma:


Al cuadro hay que mirarle con deseo, deslizar la mirada por el lienzo descifrando qué esconde su propuesta y demorar las dudas del silencio si no acude respuesta, porque el cuadro la engendra.

martes, 3 de septiembre de 2013

Infierno

Yo quisiera volverme de agua y apagar el infierno…

Infectados de rabia y de miedo, teclean los dedos, columbrando un camino diezmado de gritos y espanto.

Yo quisiera cantar a la risa; naufragar en su aliento; galopar en su rizo dorado.

Yo quisiera reír con la gente...

Ser onomatopeya, ser su eco…

Yo quisiera morirme riendo.

Mas los dedos me vuelven la espalda, no entendiendo. Les taladra un clamor doloroso que viene de lejos.


Yo quisiera volverme de agua y apagar el infierno.

domingo, 25 de agosto de 2013

Luna

Por un laberinto de voces expulsa el aliento la noche. Al tañido de ese enjambre se amotinan las palabras, como al acecho de una entradilla anunciada.

La luna observa curiosa el devenir de mi mente, el runrún de las palabras, el derroche del teclado, la serenata del tiempo…; y contempla, como si tal desmesura fuera posible, mis andanzas por el folio.

Y en esa mirada cómplice, se agita mi mente turbada…

Si percibes
mis latidos,
Luna,
sabrás por su
febril estado,
que cantan
por bulerías.
No te alejes
de mi lado.

Así anduvieron las letras en esta noche de luna; brotaron con impaciencia, se turnaron para el baile dando una y mil vueltas, y sigilosas entraron de allí de donde salieron.


lunes, 5 de agosto de 2013

Viajar…

Hallándome en un ferrocarril cuyo itinerario transcurre impredecible sin yo poder hacer nada por evitarlo, contemplo, a través de cristales tiznados por el uso y la costumbre, el transcurrir del tiempo y la decadencia del espacio.

Observo, envuelto en jirones de belleza imperfecta, un mundo trepidante, desbocado, salpicado de retazos de campos, de pueblos, de montañas y bosques.

Abrumada por el brusco ronroneo del tren, accedo a mi recinto sagrado y abro el libro imaginario. Casi al instante, me deslizo por las frescas aguas de la serenidad.


La mirada percibe sin esfuerzo un paisaje sin límites, abierto al fluir incesante de los vientos; un escenario ataviado de matices asombrosos, e inmerso en una danza invisible de aromas y melodías.

domingo, 28 de julio de 2013

Mañana…

El cúmulo insaciable de atrocidades que este mundo voluble se empeña en mostrar constantemente, me apercibieron que el día, la hora, el minuto y el instante eran lo urgente.

Advertí que el mañana, antojadizo, no existe si las sombras así lo exigen. Y mientras esto escribo, me abstraigo observando cómo aparecen las letras con su repiqueteo vital, como si fuera a hallar en ellas un tesoro oculto.

Disfruto intensamente este deambular por el folio virtual, de forma que tengo todos mis sentidos concentrados en él. Y accedo a mi interior para que el cerebro y los sentimientos que le acompañan, colaboren con entusiasmo.

Paladeo los momentos de este caminar sosegado de las palabras, con la emoción y el convencimiento de saber que por ellas discurre la vida. Que, a través de ellas, mi tiempo es eterno.


Porque, en cualquier momento, una pena grande puede cercenar el aire y sembrar la tierra de lágrimas.

sábado, 20 de julio de 2013

Disquisiciones…

Si musito al aire que me escuche, y al aire le place oírme, le digo, quedo y muy suavemente, que la soledad la siento y la disfruto. Sólo quiero propalarlo para que quede suscrito.

Que a la soledad la quiero con convencimiento; que aun sumida entre el gentío, ni siquiera se resiente mi soledad tan querida. Pues no en vano se curtió de soledades y cuitas.

A la soledad la mimo, la complazco, la sublimo, la cortejo, la alimento, le regalo cuantos antojos requiera, y si acaso adolece de algún capricho escondido, le prometo recompensa si tardo más de la cuenta en ponérselo a su arbitrio.

Mas si la soledad no entraña deberes ni obligaciones, no me importa compartirla, pues dos soledades celosas de su propia soledad es algo que me fascina.


La soledad es libertad, y, aunque suponga entenderlo casi una eternidad, barrunto, casi con seguridad, que todos la llevamos dentro.