martes, 18 de agosto de 2020

La nada. Mi humilde homenaje a Carmen Laforet.

 

La nada de la nada se alimenta,

como  el frío del frío

y el hambre de la miseria

que te factura el destino.

La nada es antropófaga

y se atraganta de gritos

que ululan bajo la tierra.

No es atrevida ni heroica

y por todo se amedrenta

revolcándose en la nada.

Es de apariencia anodina,

pero…, a veces…,

a veces respira letras

y teje balas de versos

que dispara a bocajarro

desde el mismísimo infierno.

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domingo, 9 de agosto de 2020

Desde que vine al mundo...

 Desde que vine al mundo, la muerte me acompaña,

oculta entre las sombras, ofreciéndome abrigo,

taciturna y silente*, como un mudo testigo

que acechara mis actos sin blandir su guadaña.

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Maligna no fue nunca, ni tan siquiera huraña,

ni pensé que quisiera infligirme un castigo;

la sentía cercana caminando conmigo,

intentando ayudarme a subir la montaña.

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Desde que vine al mundo, me protege la muerte

refrendando mis actos, a modo de amuleto,

como un ángel ludópata cuando el juego divierte.

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Y, desde entonces, siempre, lo mantengo en secreto.

Mas te digo, querida, que no quiero perderte

y, si debo contarlo, dicho está en el soneto.

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domingo, 2 de agosto de 2020

Hablando del infierno... 🙂

Durante mi periplo existencial,

tropiezo con el cielo y el infierno

como algo metafísico y externo

brotado de manera natural.

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Metáforas del júbilo y del mal

que vuelan por el cosmos sempiterno

de modo subrepticio y subalterno

a la espera del guiño accidental.

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La vida es como un juego de ajedrez:

se trata de ganar al adversario

tratando de esquivar sus zancadillas.

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Pero, si no lo ganas, pues…tal vez

habrías de observar el calendario

que corre inoportuno* mientras chillas.

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viernes, 17 de julio de 2020

Pedigrí...🙂

Pareados con un terceto final. La dificultad estriba en meter, como sea, la figura denominada “execración”(desearse un mal a sí mismo).
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Cuando recurres, menda, a las neuronas,
reconozco que, a veces, me emocionas.
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Tu sed por expresarte te delata,
pues no sabes medir tu perorata.
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Así que me divierto cuando escribes
y expones, atrevida, lo que vives.
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No obstante, amiga mía, sé prudente,
que no todos prefieren ir de frente
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y pueden deformar lo que has escrito,
provocando un atroz cortocircuito.
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Te recuerdo, querida, que fue a mí
a la que le endilgaron pedigrí,
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causando, a la sazón, el desconcierto
entre el reino animal de por aquí.
¡Que me muera al instante, si no es cierto!*
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Teresa

lunes, 13 de julio de 2020

Mascarilla...


A veces se me olvida, no lo niego;
y es tan torpe el despiste que me irrita,
pues una voz experta me musita
que usar la mascarilla no es un juego.
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Te evita estar aislado por el fuego
de un virus asesino que se excita
disparando su fórmula maldita,
y empeñado en no dar palos de ciego.
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Impide que peligren los demás
exhibiendo ese escudo protector
capaz de aniquilar cualquier presencia.
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Y sirve de pretexto, una vez más,
para mostrar al hombre el estertor
que provoca en el mundo su indolencia.
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viernes, 3 de julio de 2020

Verano, lavanda y hormonas... 🙂


Llegó con la fuerza de un diablillo inquieto,
arrasando playas y cuerpos desnudos;
y logró colarse por este terceto

que resiste estoico mis trazos menudos.
El verano vibra, como vibra el sol
lanzando, agresivo, sus disparos* mudos.

Vibra la lavanda, vibra el caracol
(arrastrándose ebrio entre sus aromas),
y hasta las hormigas vibran en la col.
                           
Bosteza el verano junto a las palomas;
la lavanda esgrime su egregia hermosura
mientras se derriten mis torpes hormonas
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que gimen, exhaustas, por la calentura
de un verso tras otro que aguardan que leas.
Y en todo el poema late la locura
de una poetastra con pobres ideas.
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