En esta España chusca y delirante
parece que votemos en inglés;
no captan los sofistas el estrés
que acarrea tal uso en el votante.
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Y saber que el votado es un farsante,
no impide que lo invistas de marqués,
pues sabemos que existe un palmarés
de aspirantes ineptos dando el cante.
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Con este panorama de zoquetes
estamos condenados al abismo:
ni un euro para el pueblo que agoniza.
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Predominan los dimes y diretes
produciendo un caudal de escepticismo,
que con cada sufragio se agudiza.
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Nada nos inmuniza
contra el procaz abuso del jumento,
pues su virtud será vivir del cuento.
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